Marco Martin - Criminalista
CRIMINOLOGÍA
EL MÉTODO CIENTÍFICO EN LA INVESTIGACIÓN CRIMINAL
El presente trabajo no pretende realizar una tesis sobre la Criminología, cuya complejidad sería capaz de abarcar una amplia estantería con espacio para un sinfín de tratados sobre el Derecho, la biología, la psicología, sociología y ciencias del comportamiento humano, y las técnicas criminalísitcas e identificativas; sino una sucinta aproximación a un mundo tremendamente complejo como es el del crimen ( o el delito si se prefiere ), utilizando para ello una visión desde los diferentes planos que ocupan sus protagonistas ( autor y víctima ), y del papel de la investigación criminal que hoy, al inicio de un nuevo siglo se presenta como una ciencia, la ciencia criminológica, que requiere la utilización como más adelante se expondrá, de enfoques interdisciplinares, motivado entre otras cosas por la presencia de elementos heterogéneos y multi factoriales en toda acción delictiva.
Comenzando con una retrospectiva histórica en la que se aprecia cómo la progresiva aparición de avances en los distintos campos del conocimiento, juegan un papel fundamental en el entramado criminológico.
Haciendo una breve referencia a las principales corrientes en criminología, así como las que podríamos denominar ciencias policiales como instrumento imprescindible para el proceso penal; y finalizando esquemáticamente con el modo en que se organiza hoy la policía como instrumento del Estado contra el crimen; y del recurso de la investigación policial combinando técnicas de investigación con el empleo de diferentes ramas del saber científico, aplicado a casos y hechos concretos.
Así prestaremos especial atención en los instrumentos y objetos de la acción criminal, la recogida de evidencias, la identificación de víctimas y sospechosos, del desarrollo de técnicas de investigación operativas, y todo ello, para determinar las circunstancias que han desencadenado un determinado suceso criminal, la identificación del autor o autores, y poder determinar de forma irrefutable todo ello en el desarrollo de un juicio, dentro de lo que denominamos la función probatoria, y poder hacer JUSTICIA.
Antes de nada, es preciso resaltar el carácter de la criminología como un “ terreno de juego neutral “, por su personalidad de disciplina que mete el pie en muchos charcos, ( y a ello se han refierido diferentes autores desde Gunter Kaiser 1.983, Goppingger 1.975, E Seelling, Stefani y Lavesseur 1.961 o el Profesor García de Pablos ), y que se define como la ciencia empírica e interdisciplinaria que estudia el delito, el delincuente, la víctima y el control social.
Como vemos, la definición aunque breve apunta algunos comentarios que remarcan fundamentalmente tres cosas:
ü Que su vocación empírica implica la utilización del método experimental y deductivo de las ciencias naturales y humanísticas.
ü Que su carácter interdisciplinar, requiere el conocimiento de diversas ramas del saber ( la biología, la psicología, las sociología, la medicina o el derecho, entre otras ).
ü Que junto con la “ Ciencia Policial “, técnicas criminalísticas y de investigación tradicionales, traten de abordar aspectos como la etiología del delito, y permitan inspirar modelos de política criminal ( tanto de prevención, como represión ), aspectos victimológicos ( la última frontera de la criminología según algunos ), y permitan un tratamiento riguroso, científico y sobre todo en armonía con nuestro modelo de sociedad, que desde el periodo ilustrado de finales del XVIII remarca ante todo el respeto por la dignidad del ser humano.
Quienes desde a veces una óptica profana, y otras más academicista o técnica, se han acercado al mundo de la criminología, han manifestado siempre un especial atractivo por su evidente curiosidad, por tocar aspectos del lado más oscuro del ser humano, y en ocasiones por la presencia de elementos tan heterodoxos en el mundillo del crimen, que hacen que este sea cualquier cosa menos tedioso.
En este punto, se aprecia un primer motivo de encuentro entre un campo científico como la medicina y la de Policía Investigador, al recordar la reflexión de un ilustre cirujano y eminente médico, Dr Enrique Moreno, quien en una reciente entrevista reconocía como el primer gran obstáculo de un novel en tan trascendente labor no era otro que el vencimiento a la repugnancia de manipular una víscera. Esa víscera y esa repugnancia ( si eres normalmente sensible ) la encuentras en la visualización de los primeros cadáveres, en las miseria humanas del submundo marginal e infrahumano de ciertas agrupaciones humanas, o en la estampa de un toxicómano pinchándose en el testículo mientras transmite una información, por poner algunos ejemplos gráficos.
Como apunte y a modo de breve reseña histórica de la evolución de la criminología, para unos ciencia autónoma con personalidad y contenidos de entidad suficiente y propia, para otros ciencia auxiliar del Derecho Penal, su desarrollo ( por ende, del tratamiento del delincuente, la víctima y el control social ), se ha ido gestando desde el principio de los tiempos, y ya en las civilizaciones primitivas hay referencias al crimen como elemento habitual de la vida social, así podríamos citar a modo de ejemplo las pinturas rupestres en las cuevas de Lyon ( Francia ), donde se representan espisodios criminales de carácter ritual o simplemente de la vida cotidiana; también textos de indudable trascendencia histórica para la humanidad como la Biblia que es una fuente inagotable de referencias a la conducta desviada y antisocial, y a sus manifestaciones más abruptas en forma de homicidios, ( pasajes como el crimen de Caín o la viña de Nebot el Jezraelita son ejemplos más que representativos).
De forma más específica se ha tratado el mundo del delito, el delincuente y su control en textos tan fundamentales para el desarrollo del Derecho moderno tal y como hoy lo concebimos, como el Código de Hamurabi ( 3.000 A.C ), la Ley Mosaica o los referentes en la Grecia Clásica y el Derecho Romano ( Digesto o Ley de las XII Tablas ) y la aparición y desarrollo del cristianismo, etc y que desembocan en un momento crucial de la historia en general y del tratamiento del fenómeno criminal en particular como es el movimiento Ilustrado y pre Ilustrado de finales del XVII y principios del XVIII.
La Ilustración marca el punto de inflexión en el tratamiento del delito; al retornar en todos sus conceptos al hombre del renacimiento, y en lo concerniente al tratamiento de la criminalidad, la Declaración de los Derechos del Hombre de la Revolución Francesa, incide en tres aspectos fundamentales:
Primero. El respeto a la dignidad de la persona: Lo que se traduce en un viraje radical hacia la humanización de las penas y de su proporcionalidad y utilidad.
Segundo. En la visión de normalidad social del fenómeno delictivo y de la recuperabilidad del delincuente.
Y un tercero y no menos importante; la proclamación de la necesidad del recurso también en el campo del Derecho Penal y del tratamiento de la criminalidad, de las ciencias naturales y humanísticas, conocimiento que supuso en su época la primera y segunda revolución industrial y sus avances científicos que significaron el final de muchos tabúes de orden religioso-supersticioso, desmitificados por la incipiente psiquiatría del XIX, y de los primeros conocimientos en medicina legal de todos conocidos, sobre genética, endocrinología y neurología, etc.
A ello contribuyeron infinidad de pensadores desde el Derecho a la Filosfía, y la publicación entre otras, de obras fundamentales en ese preciso contexto histórico tales como “ Utopía “ de Tomás Moro, “El Espíritu de las Leyes “ de Montesquieu. “Los delitos y las Penas “, de Césare Beccaria.
Todas esas obras, como así las de ilustres penalistas como Howard y Bentham, resumen fielmente el sentido de ruptura del fenómeno Ilustrado con un Antiguo Régimen caracterizado por el despotismo en lo politico, en lo social y económico, que reflejaba de forma especialmente significativa su carácter en el tratamiento del fenómeno criminal.
Becaría quizá sea uno, si no el mejor exponente de ese sentimiento o necesidad de ruptura con una concepción sobre el tratamiento de la criminalidad que se sustentaba en dos pilares fundamentales; la expiación del delito y la segregación del delincuente.
La expiación del delito venía determinada por la vinculación del sentido teocrático que impregnó la vida social de prácticamente todas las comunidades desde la Baja Edad Media hasta finales del siglo XVIII, y en el que el delito se asociaba a una enfermedad mórbida del alma y se concebía al delincuente como un ser irrecuperable, predestinado a sucumbir a sus tendencias criminales, sin importar las causas ni las circunstancias de sus actos.
Por otra parte, ese sentimiento de necesidad de expiación del crimen, como finalidad de los procesos penales, repercutía de forma ineludible en los medios para su logro que no eran otros que el recurso a la tortura y a las penas más graves para la vida e integridad física y moral del hombre, sin importar el fin último que persigue el proceso penal; que no es otro que la búsqueda de la verdad.
Nos situamos en el S XVIII, en el momento histórico previo a la primera gran revolución industrial, y el ocaso del absolutismo monárquico. Es el principio del fin de los conceptos medievales, y donde la herencia del renacimiento y del incipiente proceso de secularización se extienden a todos los órdenes de la sociedad, la cultura y la vida política.
Así Beccaría denuncia reiteradamente a lo largo de su obra, los métodos y los fines en pasajes referidos a la tortura; las penas más inhumanas y el recurso más que extendido al uso de la pena de muerte; estableciendo los criterios generales que debe presidir toda norma jurídica, separando los poderes, desligando la norma positiva de la moral o religiosa, proclamando la igualdad y la legalidad, y sobre todo manifestando la inhumanidad de la tortura y la pena de muerte, al tiempo que trata de demostrar su ineficacia
“ la verdad no está en los músculos ni en las fibras de los acusados, y la tortura es el medio segura para condenar a los flacos inocentes y absolver a los robustos malvados.”
( “ De los delitos y las penas “. Césare Becaria )
Como vemos, se sientan las bases del Derecho Penal moderno y del tratamiento del crimen en todas sus facetas y que podemos afirmar, es la herencia de nuestra realidad actual. Se disgregan en ese momento líneas claramente diferenciadas en el tratamiento del delito y su etiología, del delincuente y de la víctima, y del control social.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA CRIMINOLOGÍA
Desde el principio de los tiempos ha existido el fenómeno del delito variando cuantitativa y cualitativamente en función de las épocas y los lugares, variación que no es menor a la hora de afrontar su evidencia, pero con concepciones bien diferenciadas en función del campo científico predominante.
Así tendríamos tres concepciones fundamentales:
ü La concepción biológica.
ü La Concepción psicológica.
ü La concepción sociológica.
Veamos algunas de sus notas diferenciadoras:
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CONCEPCIÓN BIOLÓGICA: |
Partiendo de los primeros estudios biológicos cuyo objetivo eran dar una respuesta racional y de corte científico a las conductas criminales, incialmente basaron sus conclusiones buscando el origen del comportmiento criminal en aspectos morfológicos del individuo.
Remontándonos a los primeros intentos en este campo; las distintas corrientes (denominadas pre-científicas) y que se desarrollaron durante los Siglos XVIII y XIX apuntan sus conclusiones más a los resultados y apariencias externas ( rasgos físicos de un rostro, o la aparente imperfección de un cráneo ), que a un análisis más exhaustivo que permita establecer el nexo causal entre la consecuencia ( delito ) y su presunta causa ( rasgo, malformación, etc ).
Nos refermios a la denominada corriente frenológica liderada por Frederic Gall, y sus seguidores, Spurzeim o Lavatier, que postulaban como causas explicativas en la conducta criminal, la hiperfunción de determinadas áreas del cerebro encargadas del control de determinadas funciones o potencialidades, tales como la afectividad, la impulsividad sexual, conducta adictiva o violenta, etc, y que determinaba inequívocamente el desarrollo desviado de este tipo de acciones, al tiempo que se manifestaba físicamente en el aumento del espacio craneal del área de cerebro correspondiente.
